OFICINA DE PRENSA DEL OBISPADO DE FORMOSA

PARTE DE PRENSA
Argentina ante la vida y la muerte
Monseñor: José Vicente Conejero Gallego
Obispo de la Diócesis de Formosa


Ya en la antigüedad, en la etapa de la Antigua Alianza, Dios invitó a su Pueblo Israel a la conversión y le puso
delante la vida, que conduce a la felicidad, y la muerte, que tiene como consecuencia la desdicha. Yo he puesto delante
de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, y vivirás, tú y tus descendientes (Deut 30, 19).
Hoy, como entonces, el hombre y los pueblos tienen que optar y elegir, ejerciendo la noble facultad humana: la
libertad; y deben hacerlo responsablemente, asumiendo sus consecuencias. ¡Qué importante, por tanto, la decisión que
asumamos, en estos momentos, como Nación Argentina!
La Iglesia, por su parte, anuncia y proclama la verdad que proviene de la ley natural y del sentido común,
enriquecida, además, por la Revelación de Dios y su Magisterio, unánimes desde siempre, en acoger el don de la vida,
defenderla y protegerla, desde el inicio de su concepción en el seno materno y durante todas las etapas de la existencia,
superando todas las dificultades que pudieran sobrevenir.
La enseñanza de la Iglesia es totalmente clara, sin ningún tipo de equívocos. Así lo afirma: la vida desde su
concepción ha de ser salvaguarda con el máximo cuidado; el aborto y el infanticidio son crímenes abominables (GS
51).
Al clausurarse el Concilio Vaticano II, los Padres de la Asamblea Conciliar, quisieron, a la luz de la meditación
de Cristo y de su Iglesia, dirigir Mensajes a la Humanidad, con una palabra anunciadora de paz y de salvación para
las multitudes que esperan. De entre estos mensajes, quiero recordar y transcribir, en estos momentos tan decisivos para
nuestra Patria, algunos pensamientos que fueron dirigidos a los gobernantes y a las mujeres.
A los gobernantes:
Es a ustedes a quienes toca ser sobre la tierra los promotores del orden y la paz entre los hombres. Pero no lo
olviden: es Dios, el Dios vivo y verdadero, el que es el Padre de los hombres. Y es Cristo, su Hijo eterno, quien ha
venido al mundo a decírnoslo y a enseñarnos que todos somos hermanos. Él es el gran artesano del orden y la paz
sobre la tierra, porque es El quien conduce la historia humana y el único que puede inclinar los corazones a renunciar
a las malas pasiones, que engendran la guerra y la desgracia. Y más adelante, la Iglesia les pide: la libertad de vivir y
de llevar a los hombres su mensaje de vida. No la teman: es la imagen de su Maestro, cuya acción misteriosa no usurpa
vuestras prerrogativas, pero que salva a todo lo humano de su fatal caducidad, lo transfigura, lo llena de esperanza, de
verdad, de belleza… Dejen que Cristo ejerza esa acción purificante sobre la sociedad.
A las mujeres:
Ustedes las mujeres, tienen siempre como misión la guarda del hogar, el amor a las fuentes de la vida, el
sentido de la cuna. Están presentes en el misterio de la vida que comienza. Consuelan en la partida de la muerte.
Nuestra técnica corre peligro de convertirse en inhumana. Reconcilien a los hombres con la vida. Y, sobre todo, velen,
les suplicamos, por el porvenir de nuestra especie. Detengan la mano del hombre que en un momento de locura
intentase destruir la civilización humana.
Pero no sólo gobernantes y mujeres, en realidad, todos necesitamos y debemos, siempre y en toda
circunstancia: acoger, salvar, defender, dignificar y amar, el más grande y primero de todos los valores y
derechos:
LA VIDA HUMANA
ALBINO VERA
Comunicador Social
Oficina de Prensa – Obispado de Formosa

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